
Su gran logro, la aprobación del voto femenino en 1931, fue también el motivo de su caída en desgracia. Escritora, abogada y defensora de la libertad y los derechos de la mujer, tuvo que exiliarse ante el estallido de la Guerra Civil.
Acabó muriendo en Suiza y fue enterrada en San Sebastián. Pero la ciudad de Madrid la homenajea de muchas maneras, y más de medio siglo después de su desaparición sigue siendo un ejemplo de lucha y determinación.
Una vida de lucha: del Ateneo al Congreso
Nacida en Madrid en 1888 con el nombre de Carmen Eulalia Campoamor Rodríguez, siempre la hemos conocido como Clara Campoamor. Tras ganar unas oposiciones a auxiliar en Telégrafos y, posteriormente, al Ministerio de Instrucción Pública como profesora de taquigrafía, empezó a escribir artículos para el periódico La Tribuna en 1920.
Cuatro años más tarde se licenció en derecho y comenzó a ejercer la abogacía y la política. Fue fundadora y miembro de algunas organizaciones, como la Liga Femenina Española por la Paz, la Unión Republicana Femenina y la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas. Entre otros hitos, fue la primera mujer abogada en defender un caso ante el Tribunal Supremo.
También fue la primera mujer que perteneció a la junta directiva del Ateneo, institución cultural privada por donde han pasado varios presidentes del Gobierno y premios Nobel españoles. Ya podemos imaginar que, en aquella época, Clara Campoamor era una mujer particularmente avanzada, capaz de desenvolverse con solvencia en un mundo dominado por los hombres. En sus discursos defendió varias causas, como los derechos de los niños y la Ley del Divorcio.
Ella fue la primera mujer en hablar en el Congreso, tras conseguir un escaño en las elecciones de 1931. A partir de aquí es cuando su valentía destaca en la política nacional, porque se propuso nada menos que conseguir que las mujeres españolas pudieran votar en las elecciones de su país, en las mismas condiciones que los hombres. Ahora la pretensión puede parecernos normal, pero entonces no lo era y por eso la diputada encontró una resistencia feroz.
El voto femenino y Clara Campoamor
Su apasionada campaña en favor del voto de la mujer chocó no sólo con los partidos conservadores. Su propia formación, el Partido Republicano Radical, se mostró contrario por entender que las mujeres estarían demasiado influenciadas por la Iglesia y votarían mayoritariamente a partidos de derechas.

El debate parlamentario fue enconado y finalmente la pretensión de Clara Campoamor triunfó por un estrecho margen. De este modo, consiguió que el derecho de la mujer al voto se plasmara en la Constitución de 1931. Este derecho sería ejercido por primera vez en las elecciones generales de 1933, que darían una mayoría parlamentaria a los partidos de centro-derecha.
Desde la izquierda, no faltó quien culpó al voto femenino de la derrota. Así, Clara Campoamor perdió autoridad entre los partidos de izquierdas y en poco tiempo se vio desplazada. En su aislamiento, se puede decir que quedó como una republicana sin partido. Fue entonces cuando escribió El voto femenino y yo: mi pecado mortal, un relato sobre su lucha en favor de los derechos de la mujer y una crónica de su soledad política.
Poco después de publicar el libro estalló la Guerra Civil. Ante la falta de seguridad en la capital, decidió exiliarse en Lausana, donde trabajó como escritora y traductora. Tras unos años en Buenos Aires, regresó a Suiza, donde murió.
Malasaña, su barrio: la placa y el busto de Guardias de Corps
Como decíamos al inicio, Clara Campoamor había nacido en Madrid. Concretamente en la calle Marqués de Santa Ana, del barrio de Maravillas, hoy más conocido como Malasaña, donde el Ayuntamiento instaló una placa que dice: “Aquí nació el 12 de febrero de 1888 la diputada Clara Campoamor, que lideró el debate parlamentario en defensa del voto femenino en 1931.”
Se trata de una calle estrecha, de poco más de 200 metros, que discurre entre las calles del Pez y del Espíritu Santo. Aquí vivió Clara los primeros diez o doce años de su vida. A muy poca distancia de esta casa, a solo unos minutos andando, estaba la facultad de derecho de la Universidad Central, donde ella se licenció. Hoy alberga el Paraninfo de la Universidad Complutense, heredera de la anterior.
En el muy cercano barrio de Conde Duque es donde se erige el busto a Clara Campoamor. Está en la plaza de Guardias de Corps, al lado del Centro Cultural Conde Duque, y fue mandado colocar allí por el Ayuntamiento de la capital en 2006. La figura es obra del escultor Lucas Alcalde y su inauguración fue presidida por el entonces regidor Alberto Ruiz Gallardón.
En esta plaza es ya tradición hacer una ofrenda floral junto a la figura de Clara Campoamor. Por ejemplo, el 12 de febrero como conmemoración al día de su nacimiento. O el 8 de marzo, por ser el día de la mujer. O el 1 de octubre, que fue el día de 1931 en que se aprobó el sufragio femenino en Cortes.
El nombre de Clara Campoamor en los distritos de Madrid
Siguiendo con las huellas de Clara Campoamor en Madrid, existe una calle que lleva su nombre. Está en el distrito de Carabanchel, muy cerca de la Finca de Vista Alegre, pero no podemos decir que sea una calle especialmente relevante en el callejero madrileño, salvo por su dedicataria.
No debemos confundir ésta con la calle Campoamor, en el barrio de Justicia, que está dedicada al escritor Ramón Campoamor, poeta, miembro de la Real Academia y diputado. Entre ambos, pese a la coincidencia en el apellido, no había ninguna relación de parentesco.
Por otro lado, los jardines centrales de la avenida de las Águilas, en el distrito de Latina, reciben el nombre de Parque de Clara Campoamor. Entre árboles, arbustos, columpios, bancos y otros elementos típicos, se levanta un busto con su imagen. La inscripción de su pedestal dice: “A Clara Campoamor, 1888-1972, la Fundación Clara Campoamor en su centenario. Fundadora Mª Luisa Ocaña”.
Recientemente el nombre de nuestra protagonista se ha incorporado al de la estación de ferrocarril de Chamartín. Desde 2020 se llama Madrid-Chamartín-Clara Campoamor, nombre de que leen diariamente miles de personas que utilizan los servicios de Cercanías y de largo recorrido.
El Senado también recuerda a esta destacada política madrileña poniendo su nombre a una de las salas del edificio. Y el Congreso de los Diputados realizó un homenaje con motivo del 90 aniversario de la aprobación del voto femenino. Desde entonces se exhibe el escritorio que usó la diputada, donado por la Asociación Clara Campoamor, junto con objetos útiles y documentación que la recuerda. Un busto con su imagen adorna una de las salas del edificio.
Centros, premios y literatura: un legado cultural activo
El nombre de Clara Campoamor aparece en muchos otros lugares de la vida madrileña. No es raro que las administraciones públicas lo reivindiquen aprovechando su significado. Es el caso del Centro Socio Cultural Clara Campoamor en Retiro. O el Espacio de Igualdad Clara Campoamor en Villaverde.

Para conocer más a la diputada Campoamor, podemos acudir a los libros que dejó publicados. Ya hemos mencionado El voto femenino y yo: mi pecado mortal, quizá su obra más conocida. Pero también se pueden encontrar El derecho de la mujer en España, La revolución española vista por una republicada o El pensamiento vivo de Concepción Arenal.
En sus años de lucha escribió mucho en prensa. Por eso hoy encontramos diversas recopilaciones de artículos que nos acercan mucho a su ideario político. Por ejemplo, La forja de una feminista o Del Foro al Parlamento. Además, en el exilio profundizó en autores de su interés. Así, retirada ya de la política activa, publicó Sor Juana Inés de la Cruz y Vida y obra de Quevedo.