
Cuando se construyó, en el siglo XVI, fue el edificio más grande de Europa y pronto se consideró la Octava Maravilla del Mundo. Hoy es Monumento Histórico Artístico y Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1984.
El conjunto bien merece una visita por su historia, su significado, su valor arquitectónico y por la cantidad de obras de arte que atesora. Además, se trata de un conjunto vivo que permanece en uso. El convento, la Biblioteca, el Colegio y la basílica siguen cumpliendo hoy su función como hace siglos.
Entradas, precios y horarios de la visita
Para visitar el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial necesitas comprar una entrada. Es habitual comprarla en la misma taquilla del conjunto y entrar de inmediato. Pero también es posible adquirirla online en la web de Patrimonio Nacional.

Al comprar la entrada tienes la opción de sumarte a una visita guiada por un suplemento. Esta visita es muy recomendable para sacar mayor rendimiento de la visita. Pero también se puede hacer la visita por libre sin límite de tiempo durante todo el día.
El Monasterio abre para su visita de martes a domingo. El horario es de 10 a 18h entre octubre y marzo y de 10 a 19h entre abril y septiembre. Consulta los días especiales de cierre en la misma web de Patrimonio Nacional.
Qué ver en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
Fue Felipe II quien mandó construir el Monasterio para conmemorar su victoria en la batalla de San Quintín. Pero el verdadero motivo fue crear un lugar para enterrar juntos, con el esplendor que se supone a la monarquía que dominaba el mundo, a su padre, el emperador Carlos V, y su madre, Isabel de Portugal. La idea era que los monjes del Monasterio orasen continuamente por la salvación de las reales personas.

Se comenzó a construir en 1562 sobre el diseño de Juan Bautista de Toledo, que había trabajado en el Vaticano con Miguel Ángel. A su muerte, el arquitecto responsable de la supervisión fue Juan de Herrera. La última piedra se colocó en 1584, pero las tareas decorativas se prolongaron algunos años. La basílica fue consagrada en 1595.
En la visita lo primero que solemos ver es el Patio de Reyes, que sirve de distribuidor del conjunto. De aquí se pasa al Salón Principal de la Biblioteca Real. Tanto las paredes como la bóveda de la Biblioteca están decoradas con frescos pintados entre 1586 y 1592 por Pellegrino Tibaldi. Las numerosas estanterías de la estancia siguen guardando valiosos volúmenes con el canto dorado hacia el exterior. En este espacio se conservan varios miles de libros de muy diferentes épocas.
Al otro lado del Patio de Reyes está la Basílica, que ocupa la parte central del recinto y es la primera razón de ser del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Obra maestra de la arquitectura española renacentista, su diseño se debe a Juan de Herrera. Tiene forma de cruz griega insertada dentro de un cuadrado de 50 metros de lado. La gran cúpula central se eleva a 92 metros de altura y se dice que está inspirada en la del Vaticano.
Del Claustro Principal al Panteón de Reyes
Desde la Basílica se suele pasar al Claustro principal, cuyas galerías están decoradas con cincuenta y cuatro pinturas al fresco. Obra también de Tibaldi, las pinturas cuentan la Historia de la Redención. Un paseo por estos anchos y altos pasillos darían para una jornada completa, si nos dedicáramos a estudiar los detalles de cada pintura. Desde el Claustro podemos subir la Escalera principal. Aquí encontramos la gran Bóveda que Luca Giordano decoró entre 1692 y 1694. Para contemplarla es muy recomendable subir el primer tramo de escaleras. En esta parte también se visita la Iglesia Vieja o de Prestado.

El Claustro principal alberga el Patio de los Evangelistas, uno de los espacios más destacados del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Aquí nos impresionan las fachadas de las galerías y, especialmente, el templete en su punto central. Se trata de un edificio de orden dórico entre cuatro láminas de agua donde se sitúan las figuras de los cuatro Evangelistas.
Mucho interés tienen las Salas Capitulares, destinadas en su día a las reuniones en capítulo de los monjes. Esto explica los bancos corridos que encontramos en sus laterales, aunque lo que llama la atención son los frescos de sus bóvedas y las pinturas que decoran las paredes. Aquí vemos, entre otros, La última cena, de Tiziano, El martirio de San Mauricio, de El Greco y La túnica de José, de Velázquez. Hay que decir que por todo el conjunto encontramos numerosas obras de arte y mobiliario de gran valor.
Parte fundamental de la visita son los panteones. Primero se visita el Panteón de Infantes, dividido en varias cámaras, construido en el siglo XIX bajo el convento. Aquí es donde se entierran príncipes, infantes y reinas que no fueron madres de reyes. Destaca la impresionante escultura yacente de Don Juan de Austria.
A su lado, pero debajo de la Basílica, está el Panteón de Reyes. Este lugar está destinado a los reyes españoles y tiene una capacidad para 26 sepulcros. Los últimos enterrados fueron Alfonso XIII y Victoria de Batemberg. Y ya están preparados los nichos para Juan de Borbón y María de las Mercedes, que agotan ya el espacio.
Los Palacios y los museos de Arquitectura y Pintura
Después de todo lo anterior se pueden visitar los dos palacios del recinto, el de los Austrias y el de los Borbones. En el primero entramos en las habitaciones de Felipe II, las salas de Mapas, Audiencias y Zaguán y el Cuarto de la Infanta. Muy impresionante es la Galería de Batallas, con pinturas al fresco en sus paredes que representan algunas batallas ganadas por los ejércitos españoles. El Palacio de los Borbones, diseñado ya por Juan de Villanueva, está decorado con mobiliario de los siglos XVIII y XIX, con abundancia de tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara, incluidas obras de Bayeu y Goya.

Desde 2026 están abiertos al público los museos de Pintura y Arquitectura, creados en 1963 en la conmemoración del cuarto centenario de la colocación de la primera piedra del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En la actualidad, tras un cierre de diez años y una profunda renovación, son dos espacios fundamentales «para comprender la historia, el arte y la construcción de uno de los grandes monumentos de Europa».
El Museo de Arquitectura ofrece recursos para comprender cómo se construyó el Monasterio, un proyecto arquitectónico de dimensiones extraordinarias. Mediante paneles explicativos, planos, grabados y herramientas de la época nos adentramos en su proceso de creación, a lo que ayuda enormemente la maqueta situada en un momento de la obra, 1576. Las piezas audiovisuales aportan al visitante una visión histórica de conjunto, desde la concepción del proyecto y su ejecución hasta sus usos cotidianos y sus transformaciones.
El Museo de Pintura exhibe una gran cantidad de pinturas que estaban guardadas en las dependencias del Monasterio, sin posibilidad de visita. Se trata de una colección que han ido creando los reyes desde que Felipe II convirtió El Escorial en uno de los grandes focos del arte en Europa. Felipe IV, Carlos II, Carlos IV e Isabel II fueron ampliando la colección, con obras de grandes maestros de sus tiempos o anteriores.
En torno al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
En el lado sur del Monasterio de San Lorenzo tenemos el Jardín de los Frailes, llamado así por situarse bajo las ventanas de las celdas monásticas. Su diseño traza líneas rectas de boj podado en recuadros. La entrada se hace por la Galería de Convalecientes. El lado este está adornado por el Jardín de los Reyes, que no se visita.
Una gran lonja abraza el Monasterio de San Lorenzo por los lados oeste y norte, que es por donde circulan los visitantes antes y después de acceder. Al otro lado de la lonja están las Casas de Oficios Primera, Segunda y Tercera, la Casa de los Infantes y de la Reina y la Casa de la Compaña.
Dentro de los Jardines del Príncipe, al este del Monasterio, está la pintoresca Casita del Príncipe, que se puede visitar. Fue pensada como lugar de recreo de Carlos IV cuando era niño. También se la llama Casita de Abajo por su situación.
La Casita del Infante se conoce como Casita de Arriba, a unos 800 metros del Monasterio. La diseñó Juan de Villanueva en 1773 para recreo del infante Gabriel, otro de los hijos de Carlos III. También ofrece unos jardines muy cuidados con una bonita vista hacia el Monasterio.