Dehesa de la Villa

Dehesa de la Villa La Dehesa de la villa es uno de los parques más silvestres de Madrid. Su interior mantiene cierta condición de bosque con caminos de tierra naturales, que combinan con espacios ajardinados en su parte más perimetral.

Aquí han venido los madrileños, desde hace muchos años, a desconectar de la ciudad y pasar el día en comunión con la naturaleza. Sus zonas deportivas y su carril bici favorecen las actividades físicas, y las mesas tipo merendero atraen a familias y grupos de amigos.

También se viene a contemplar unas vistas amplísimas de la salida al noroeste de Madrid, hacia la Casa de Campo y el Monte del Pardo. El parque está ubicado en esa parte de la ciudad, junto a la Ciudad Universitaria, el barrio de Valdezarza y el club Puerta de Hierro.

Mucha naturaleza en la Dehesa de la Villa

Los visitantes disfrutan de una abundante vegetación. La especie de árbol que más abunda en la Dehesa de la Villa es el pino piñonero. Por eso encontramos piñas secas cuando nos salimos de los caminos. Pero también vamos a ver pinos carrascos, olmos, chopos, almendros, acacias y fresnos, jaras y romero.

Dehesa de la Villa
Monumento a Andrés Bello

En tiempos antiguos, esta finca era un gran encinar que se extendía por una superficie mayor de la actual. Debido al desarrollo de la ciudad, el espacio se fue recortando, hasta quedar en unas 64 hectáreas, que equivalen aproximadamente a la mitad del Parque del Retiro.

En esa evolución, el espacio sufrió un proceso de deforestación que empobreció la Dehesa de la Villa. Fue a finales del siglo XIX cuando se decidió plantar miles de árboles, en su mayoría pinos, que es lo que vemos ahora. En su parte más ajardinada también encontramos cipreses y cedros imponentes.

Su condición natural favorece la presencia de una fauna que consiste sobre todo en aves. Por eso existe un observatorio de aves, de las que se registran más de setenta especies. Además de la urraca y el gorrión común, el panel nos indica que encontraremos petirrojos, verdecillos, carboneros, mirlos y otras especies. Además, un cartel en uno de los caminos nos indica que en 2007 se liberaron varios ejemplares de ardilla roja.

En la parte alta

En la parte alta del parque, dando a la calle Francos Rodríguez, abren dos restaurantes. Ambos ofrecen amplias terrazas al aire libre. Además de las comidas y cenas, nos van a servir para tomar algo en cualquier momento porque abren todo el día.

Parques de Madrid
Mirador de la Dehesa de la Villa

Muy cerca está el Centro de Información y Educación Ambiental Dehesa de la Villa. Aquí se organizan actividades como talleres o paseos guiados que enseñan a valorar el parque. También es buen lugar para informarse antes de adentrarse por sus caminos.

Uno de los hitos destacados del recinto es el monumento a Andrés Bello, también ubicado en la parte alta. Este filósofo, político, poeta y jurista venezolano está considerado uno de los mayores humanistas de América Latina. El monumento fue erigido por iniciativa de la embajada de Venezuela en 1972. Según la placa frontal, “fue el salvador de la integridad del idioma castellano en América”.

En las proximidades del monumento hay una zona ajardinada donde se reúnen vecinos porque hay algunas mesas, una pista para petanca y una serie de aparatos para hacer ejercicios. Por todo el parque encontraremos otras estaciones con aparatos para hacer ejercicios.

Miradores en la Dehesa de la Villa

Los visitantes que acuden por primera vez a la Dehesa de la Villa no se pierden el Mirador. Desde aquí las vistas hacia el oeste, con la sierra madrileña de fondo, son enormes y muy verdes. Por todo el parque vamos encontrando puntos con buenas vistas, pero junto al panel y la valla de madera del Mirador son perfectas.

Dehesa de la Villa
Capirote del Viaje de Amaniel

Uno de los caminos que podemos tomar discurre al lado de un estrecho canal de conducción de aguas. Por eso se llama así, camino del canalillo, y sobre él discurren a diario numerosos paseantes y corredores. Si lo seguimos acabaremos llegando al mencionado observatorio de aves y, a su lado, la fuente de la Tomasa, donde podremos beber agua.

El nombre de la fuente se lo dieron los vecinos que, según algunos testimonios, conocieron a una mujer llamada Tomasa que frecuentaba el lugar. Parece ser que tenía una belleza muy apreciada con la que comerciaba en este lugar apartado.

Siguiendo el camino llegaremos hasta el llamado Cerro de los Locos, otro mirador natural del parque. Este lugar elevado se llama así porque hasta aquí venían algunos vecinos a hacer ejercicios físicos. Por lo visto, hace unas décadas a muchos estas prácticas les resultaban demasiado extravagantes. En un lado del Cerro hay una especie de gradas de piedra con rincones que son un tranquilo refugio para, por ejemplo, leer un libro sin ser molestado.

Por la Dehesa de la Villa discurre el viaje de agua de Amaniel, una infraestructura creada en el siglo XVII para abastecer de agua el Alcázar. Por eso vamos a encontrar desperdigados los capirotes de piedra que indican en superficie su trazado subterráneo. También veremos mojones de deslinde y restos de búnkeres de la Guerra Civil que nos hablan de la historia de este lugar.