
Por lo que sabemos, inicialmente no hubo intención de crear una nueva ciudad en este lugar. Se trataba simplemente de establecer un puesto de guardia en la frontera norte del emirato cordobés para vigilar las incursiones de los reinos cristianos del norte.
Pero con el tiempo la población alrededor de este puesto fue creciendo, y donde hubo una atalaya de vigilancia se hizo una fortaleza, que más tarde sería un Alcázar y finalmente un Palacio de enormes dimensiones. A continuación recorremos la historia de su fundador y las huellas que aún se conservan en la capital.
Un emir en Córdoba
Mohamed I fue emir de Córdoba desde 852 hasta su muerte en 886, por sucesión dentro de la dinastía Omeya. Fue descendiente de Abderramán I, que un siglo antes se había convertido en el primer emir de Córdoba, tras escapar del terror abásida dominante en tierras sirias.

El emir Mohamed tenía fama de ser valiente y entregado en la batalla por comandar sus propias tropas espada en mano contra el enemigo. Pero también de ser avaro y miserable, cruel y poco propenso a la indulgencia, algo que parece que le venía de familia.
Para asentarse en el poder, como ya hicieran sus antecesores, tuvo que apartar por la fuerza a algunos de sus parientes más cercanos. También hizo derribar numerosas iglesias construidas ya durante la dominación musulmana con el objetivo de limitar el poder de los cristianos. Llegó incluso a decapitar a soldados y empleados cristianos de su administración que suponían una amenaza interna.
El emir de Córdoba pasó su vida luchando por conservar y ampliar el territorio de al-Andalus. Se enfrentó a los reinos cristianos del norte, que pretendían recuperar territorios perdidos en el siglo anterior. Y también a poderosas familias musulmanas que conspiraban para arrebatarle la supremacía en la península ibérica. Es en este contexto de conflictos bélicos cuando situamos la fundación de Madrid.
Fundación de Madrid
Según vimos en el libro Momentos estelares de Madrid, Mohamed I condujo a su ejército en numerosas ocasiones por el centro de la península ibérica. No era raro que pasara por las inmediaciones del río Manzanares, camino de sus combates en Zaragoza y Pamplona, y que incluso acampara a sus orillas. En el lugar ya habían levantado una atalaya de vigilancia, durante su reinado o quizá en años anteriores.

En la zona existían asentamientos desde la época carpetana y también de la dominación romana. Pero se trataba de aldeas desperdigadas, sin vocación urbana. Fue en torno a la atalaya de vigilancia donde Mohamed I ordenó construir una fortaleza que diera más empaque a su posición y sirviera de refugio para la fracción de su ejército que vigilaba el paso de las incursiones cristianas.
Esta pequeña fortaleza situada en una posición elevada se acompañó de una muralla para encerrar un espacio más amplio en el que cabían una antigua iglesia, Santa María, y un caserío modesto ocupado por lugareños. La muralla inicial tuvo tres accesos. Uno de ellos, el principal, fue la puerta de la Vega, entrada natural para los que venían desde el río. Otro se situó junto a la iglesia y un tercero en el lado norte, junto a una zona de cultivos.
Convivencia con los aldeanos
Suponemos que los aldeanos no tardarían en acostumbrarse a la presencia militar musulmana. Comerciarían con los soldados, ofreciendo sus productos de granja como huevos, cereales y carnes y construirían nuevas viviendas, ya al amparo de este recinto de muros altos y gruesos formado por grandes piedras unidas por argamasa.
Desde este momento fundacional la ciudad no pararía de crecer. En el interior de la muralla se rellenaron algunos huecos, pero siempre quedando una explanada libre de construcciones, en lo que hoy es aproximadamente la plaza de Oriente. Pero en el exterior, en sus lados sur y este, el crecimiento fue mayor, hasta el punto de que con el paso de los años y los siglos la muralla habría de ser ampliada.
El recuerdo de Mohamed I en Madrid
El recuerdo más claro que queda en Madrid de Mohamed I como impulsor de la fundación de la ciudad es el parque que lleva su nombre, situado junto a la Cuesta de la Vega. Se trata de un espacio abierto y adosado a los restos que se conservan de la muralla que mandó levantar. Una visita a este parque, inaugurado en 2010, nos permite observar la vieja muralla de cerca además de algunas especies arbóreas y una fuente en forma de estrella de seis puntas en el centro.

Junto al parque, una serie de paneles informativos nos cuentan la historia de la fundación y su muralla, con el detalle de las puertas, al lado de la maqueta de lo que fue Madrid con sus distintas murallas. Como curiosidad, uno de los carteles nos cuenta que la palabra Mayrit, antecedente del actual Madrid, significa abundancia de aguas, y es que en la zona había numerosos canales subterráneos.
Para completar el recorrido, podemos pasar por el aparcamiento subterráneo de la plaza de Oriente donde encontraremos los restos de la atalaya. Datada en el siglo XI, es probable que se trate de una reconstrucción de la atalaya original previa al paso de Mohamed I por el lugar.
Si queremos ahondar en los inicios de la ciudad, es buena idea pasar por el Museo de San Isidro, también llamado de los Orígenes de Madrid. Aquí se reconoce la figura del emir como impulsor de las primeras construcciones. Además, también se exponen restos de lo que fueron asentamientos anteriores en la zona. En una de sus salas veremos la fabulosa maqueta de la ciudad, donde distinguimos las diferentes murallas que la fueron rodeando.