Montaña Artificial en el Parque del Retiro

Montaña Artificial del Parque del Retiro La Montaña Artificial es uno de los elementos del Parque del Retiro que ha cobrado protagonismo últimamente gracias a su rehabilitación como sala de exposiciones. Se encuentra en el extremo noreste del recinto, junto a la entrada del cruce entre las calles O’Donnell y Menéndez Pelayo.

Creada en el siglo XIX como uno de los caprichos de Fernando VII, también se la conoce como Montaña de los Gatos por haber sido, durante sus años de abandono, morada de los felinos de la zona.

Este promontorio, profusamente adornado de vegetación en su superficie, es hueco por dentro y conforma una sala circular. Se sostiene sobre una cúpula de ladrillo y mampostería con varias galerías abovedadas que le sirven de acceso. Su punto culminante está acristalado para permitir el paso de la luz.

Sala de Exposiciones

El Ayuntamiento de la capital decidió recuperar este elemento característico del Parque del Retiro. Donde antes había poco más que un cuarto oscuro que sólo servía para almacenar materiales, ahora tenemos una curiosa sala de exposiciones. Su acceso previsiblemente será libre y gratuito, hasta completar aforo.

Montaña Artificial
Interior de la cúpula

La primera exposición programada en esta nueva etapa de la Montaña Artificial sirve para entender, precisamente, en qué ha consistido su rehabilitación. Una serie de fotografías muestran el aspecto anterior a las obras y lo comparan con el actual. Cuando finalice esta exposición, otras deberían ocupar su lugar para aprovechar esta singular edificación como lugar de promoción cultural.

El espacio en sí mismo resulta una curiosidad histórica. Su cúpula de ladrillo es muy grande, con once metros de altura y catorce de diámetro. Por la luz mortecina y cierto olor a humedad nos recuerda al interior de una cueva. Las galerías que parten de su centro le dan un aspecto laberíntico al conjunto.

En el transcurso de las obras se han encontrado restos arqueológicos pertenecientes a tiempos anteriores a la creación de esta Montaña Artificial. En nuestra visita al interior de la cúpula podremos ver una vitrina donde se exhiben estos restos.

Avatares de la Montaña Artificial

La Montaña Artificial del Retiro se empezó a construir en 1817, con diseño del arquitecto Isidro González Velázquez. Se trataba de crear un elemento de recreo en este rincón de los Jardines destinados al disfrute del rey Fernando VII y su familia, que complementaba a otros caprichos como la Casita del Pescador, la Casa de Fieras o el Embarcadero.

Montaña Artificial en el Parque del Retiro
Vista desde el acceso al Parque

Originalmente cubría una noria, que servía para impulsar el agua que corría alrededor, formando alguna cascada. En la última rehabilitación se ha encontrado un viaje de agua que conducía a otra noria anterior a la creación de la Montaña. Los restos de ese viaje son los que se exponen ahora tras una cristalera.

En la parte alta del promontorio se levantó un templete de aspecto oriental. Entre sus tres torres probablemente jugaba la princesa Isabel antes de convertirse en reina. Ese templete ya desapareció, pero en su base tenemos ahora un acristalamiento para dar luz al interior de la sala. En todo caso, la subida a la parte alta de la colina nos ofrece una bonita vista de los alrededores.

También de origen se creó una ría artificial con alguna cascada que daban un toque exótico al conjunto. Hoy se conserva este curso de agua, con sus pequeños saltos, por lo que es uno de los puntos más fotogénicos del Parque del Retiro.

Una colina de vegetación exuberante

Con el destronamiento de Isabel II en 1868, el Retiro abrió sus puertas al conjunto de los ciudadanos. Así, la Montaña Artificial pasó a formar parte del entretenimiento general de sus visitantes. Con el tiempo, el lugar fue perdiendo protagonismo, pasando por épocas de cierto abandono.

Montaña Artificial
Acceso a la sala de exposiciones

En los años 80 del siglo XX el Ayuntamiento, tras descartar la idea de su demolición, decidió recuperar la Montaña. Rehabilitó el conjunto, tanto por fuera como por dentro, y su interior pasó a ser visitable. Además, se convirtió en una interesante galería de exposiciones, con lo que cobró nueva vida.

A principios de siglo XXI el lugar quedó de nuevo abandonado. Se dejaron de programar exposiciones y el interior de la Montaña fue clausurado. Así, durante años el capricho de Fernando VII pasó a ser un elemento casi ignorado por los visitantes, en el que ni siquiera se podía subir a su cima.

Como ya se ha dicho, recientemente se ha rehabilitado la Montaña Artificial. Ahora tenemos una bonita sala de exposiciones, que invita a admirar tanto la construcción como el material expuesto, y una colina de vegetación exuberante que bien merece una subida a su cúspide o una foto.

La entrada a la sala también merece un momento de contemplación. La fachada presenta tres vanos, el central con un arco de medio punto, que es por donde entramos. En la azulejería que la adorna encontramos las figuras de una sirena y un tritón, así como unas fuentes laterales y otros motivos decorativos.