Fuente del río Lozoya: la llegada del agua de la sierra a Madrid

Fuente del Río Lozoya La Fuente del Río Lozoya es uno de los monumentos más destacados que tenemos en Madrid. Se trata de un homenaje a la traída de sus aguas a la capital, acontecimiento fundamental para el desarrollo y crecimiento de la ciudad.

Creada en 1860, coincidiendo aproximadamente con la inauguración del Canal, la Fuente ha permanecido durante años oculta a los ciudadanos. Sin embargo, en 2025 fue reacondicionada para, una vez retirada la valla que la separaba de la acera, crear un espacio de uso público a su alrededor.

Algunos comparan esta Fuente del Lozoya con la Fontana di Trevi, en Roma. Existen afinidades entre ambos conjuntos, como la disposición de las figuras y la existencia de una lámina de agua delantera. Y también diferencias, como el mayor tamaño y monumentalidad de la italiana, así como su aureola de atracción históricamente imprescindible, frente a la bisoñez de la madrileña, que (pese a contar con más de siglo y medio de vida) prácticamente se acaba de abrir al público.

En la fachada del Primer Depósito

Según la propia institución, “hay motivos de peso para pensar que el colosal monumento romano sirvió de modelo e inspiración para esta obra conmemorativa de la creación del Canal de Isabel II”. El caso es que el conjunto se ha convertido en uno de los monumentos urbanos más interesantes de la ciudad. Tanto por su belleza como por su simbolismo.

Fuente del Río Lozoya Se ubica en el número 49 de la calle Bravo Murillo, en la fachada principal del Primer Depósito de aguas. Justo enfrente se situaba el Segundo Depósito, creado pocos años más tarde porque el primero ya se quedaba pequeño, que en la actualidad alberga el Parque Bravo Murillo, el del Jardín Vertical, uno de los Parques del Canal de los que hablamos en su día.

Diseñada por el ingeniero Juan de Ribera Piferrer, la Fuente del Lozoya no es sólo agua. Tres estatuas la habitan, en disposición similar a la de Trevi. La figura central es un joven coronado con laurel, obra de Sabino de Medina, que representa al río Lozoya. Por eso es “majestuoso, eterno, sereno”. El joven apoya el pie sobre un ánfora tumbada que lleva escrita la palabra “Lozoya”.

La figura de la izquierda representa la Agricultura, como bien dice la inscripción inferior, y consiste en una figura de mujer que sostiene en una mano un haz de espigas y en la otra una hoz. La de la derecha representa a la Industria y lleva en una mano un compás mientras que la otra se apoya en un artefacto con una rueda dentada.

Los detalles de la Fuente del Río Lozoya

La Fuente es un conjunto mural que descansa sobre un basamento de granito con aspecto almohadillado. Predomina esta piedra a modo de estructura, mientras que los paños están construidos con ladrillo. Se divide en tres vanos, en los cuales destacan las figuras de las que hemos hablado.

Fuente del Río Lozoya Estos vanos están delimitados por pilastras pareadas de granito cuya parte alta está decorada con delfines, en referencia al carácter hidráulico de la instalación. El central está rematado con un arco de medio punto que, junto con el pilón inferior, rompe con la línea recta predominante del monumento.

En la parte alta de los lados, justo encima de las figuras laterales, encontramos dos escudos. El de Isabel II es el que está encima de la Agricultura, mientras que sobre la Industria luce el escudo del Ayuntamiento, en el que distinguimos claramente la conocida figura del Oso y el Madroño.

Uno de los elementos destacados del monumento es, cómo no, el agua. Del ánfora tumbada con la palabra “Lozoya” brota un chorro que se derrama por los escollos de roca. Y de esta rocalla pasa a inundar el pilón inferior, de forma semicircular. El discurrir del agua otorga movimiento y cierta vida a esta construcción de piedra y ladrillo.

Gran inauguración real

Recordemos que este conjunto escultórico, declarado Monumento Histórico junto con los depósitos y otras edificaciones del Canal de Isabel II, es un homenaje a un evento trascendental dentro de la historia de Madrid. Nada menos que la traída de aguas de la Sierra a las casas de la ciudad.

Inauguración del Canal de Isabel II. Recreación con IA Hasta ese momento, los madrileños bebían un agua gorda y a veces terrosa extraída de pozos oscuros. Los más de doscientos mil habitantes de la urbe recibían el suministro gracias a los antiguos viajes de agua que surcaban su subsuelo. Y se preguntaban en qué momento la tierra bajo sus pies dejaría de proporcionar el líquido elemento.

Ya lo vimos en Momentos estelares de Madrid: tras la inauguración del ferrocarril siete años antes, ahora venía la llegada de las aguas del Lozoya. Era 24 de junio de 1858 y la ciudad se engalanó como para la boda de un príncipe. Coronas de flores, arcos de ramas, banderas, cintas de colores, lienzos dibujados… Algunos ya tenían las medallas conmemorativas acuñadas para la ocasión. Cuando se abrieron las compuertas, las aguas se precipitaron por la escalera del Depósito formando una violenta cascada en medio de un estruendo formidable.

Después la comitiva, con Isabel II a la cabeza, se desplazó hasta la calle San Bernardo, donde la reina movió la clavija de una fuente provisional para que un potente chorro de agua se elevara más de treinta metros. Así quedó definitivamente inaugurada una instalación que tardó más de veinte años en completarse y que, ante la creciente demanda, todavía tenía que desarrollarse en décadas posteriores.

Por entonces, la Fuente del Río Lozoya hacía dos años que había empezado a construirse. Pero tardaría dos años más, hasta 1860, para ser inaugurada. Su historia, ya lo hemos visto, la llevó a permanecer oculta tras una valla durante mucho tiempo. Hasta que recientemente se liberó de sus obstáculos visuales para crear una zona abierta de libre acceso.