Ruy González de Clavijo: el madrileño que viajó de La Latina a Samarcanda

Ruy González de Clavijo
Ruy González de Clavijo, según litografía de Rufino Casado (1860) conservada en la Biblioteca Nacional de España

Paseando por el barrio de La Latina encontramos la placa dedicada a Ruy González de Clavijo y nos preguntamos quién fue este señor para que el Ayuntamiento le conceda un homenaje en un espacio público.

Y nos enteramos de que González de Clavijo fue un embajador del rey de Castilla en el siglo XV. Y que realizó un viaje por Asia nada menos que hasta Samarcanda, cuando nadie en su tiempo había llegado tan lejos, para estrechar lazos diplomáticos con el Gran Tamorlán.

De su viaje y las experiencias vividas durante tres años surgió un libro, que es un documento excepcional desde el punto de vista histórico. Por todo eso recordamos a este hombre que puede incluirse en la lista de personajes ilustres de la ciudad.

Una placa en La Latina

La placa en cuestión dice lo siguiente: “En este lugar estuvieron las casas del madrileño Ruy González de Clavijo, embajador de Enrique III ante el Gran Tamorlán de 1403 a 1406. Ayuntamiento de Madrid. 1991.” En la parte alta de la placa aparece el escudo del municipio.

Placa de Ruy González de Clavijo
Placa en el número 6 de la Costanilla de San Andrés

Las casas a las que se refiere lógicamente ya no están, ha pasado demasiado tiempo. En su lugar tenemos un edificio como se ven muchos en el barrio de La Latina, de tres alturas sobre la acera. Aunque algunos autores situaban la vivienda en el número 12, la placa está en el número 6 de la Costanilla de San Andrés.

Mesonero Romanos, en su libro El antiguo Madrid, ya nos avisa de que en las inmediaciones de la plaza de la Paja está la casa “del muy noble madrileño Ruy González Clavijo, llamado el Orador por su facundia, camarero de don Enrique III y célebre en el mundo por el viage que hizo a Samarcanda en la Gran Bukaria, por los años 1403, con el objeto de cumplimentar de parte de su soberano al memorable conquistador Timur-Bed (Tamorlan), siendo el primer europeo, según se cree, que penetró en aquel país de la Tartaria Mayor”.

Junto a la plaza de la Paja y el Jardín del Príncipe de Anglona

Podemos decir que el edificio se encuentra en la parte baja de la costanilla, a pocos metros de la calle Segovia si subimos hacia la plaza de la Paja. En esta plaza está la Capilla del Obispo, que aunque es antigua se construyó con posterioridad a la muerte del personaje. Este templo fue ordenado levantar, ya en el siglo siguiente, por Francisco de Vargas, perteneciente a uno de los linajes más poderosos de Madrid, de quien se dice que acabó siendo propietario de las casas de González de Clavijo y de otras de la zona.

Barrio de La Latina
Capilla del Obispo en la plaza de la Paja

La plaza se conoció como de la Paja porque, según nos dice María Isabel Gea Ortigas en su libro Calles de Madrid, en el siglo XV “era el lugar donde se vendía la paja que el capellán y cabildo de la capilla del Obispo recibía como subvención para mantenimiento de las mulas que utilizaba para pasear”.

Por seguir con la ubicación, frente al edificio que lleva la placa encontramos el Jardín del Príncipe de Anglona. Construido en el siglo XVIII junto al Palacio del mismo nombre, su vegetación rebosa sobre los muros del recinto y nos da la impresión de un oasis de naturaleza en medio del centro histórico de la ciudad.

Quién fue Ruy González de Clavijo

Transcurridos más de seiscientos años de su muerte, no podemos esperar saber mucho sobre la vida de Ruy González de Clavijo. Pero nos ha quedado la noticia de su viaje, una aventura sin igual en su época que merece un recuerdo e incluso un libro que lo perpetúe.

Ruy González de Clavijo fue camarero privado del rey Enrique III de Castilla, que veía la necesidad de establecer relaciones diplomáticas contra el gran enemigo de entonces, el imperio turco otomano. Los turcos todavía no habían conquistado Constantinopla (lo harían a mitad de siglo XV) pero estaban afianzando su poder en el Asia Menor, amenazando el Mediterráneo y Europa.

Debido a su inteligencia y capacidad oratoria, el monarca encargó a González de Clavijo viajar hacia oriente a encontrarse y agasajar a Amir Timur, también conocido como Gran Tamorlán, líder del nuevo imperio que se gestaba en las estepas del Asia Central, con quien presumiblemente pretendía aliarse.

Expedición a Tamorlán

Así, se montó una expedición que en 1403 salió de Madrid rumbo al Puerto de Santa María, donde los aventureros se embarcaron para recorrer el Mediterráneo de punta a punta, cruzar el Bósforo y atravesar el mar Negro para atracar en el norte de Turquía. Enterados de que Amir Timur estaba en su capital, continuaron viaje por tierra pasando por Teherán hasta llegar a Samarcanda, hoy en Uzbequistán, donde efectivamente encontraron a Tamorlán.

De La Latina a Samarcanda
Plaza del Registán en Samarcanda (Uzbekistán). Foto: Gustavo Jerónimo. Wikimedia Commons

Samarcanda es una ciudad situada en lo que más tarde se conoció como Ruta de la Seda. Hoy la conocemos por su impresionante arquitectura islámica, con mezquitas y mausoleos. Entonces era la capital del imperio timúrida. Podemos leer en Personajes peculiares de la historia de Madrid, de Fátima de la Fuente del Moral y Enrique Fernández Envid, que la expedición llevó hasta allí cartas del rey castellano y obsequios, como halcones, armas blancas de Toledo, tazas de plata o tapices.

Durante su viaje, González de Clavijo escribió un diario en el que detallaba todo aquello que lo iba sorprendiendo: ciudades, gentes, vestimentas, edificios, que le resultaban tan diferentes a lo conocido en su lugar de origen. Y también el desarrollo de su misión diplomática. Por lo que parece, Tamorlán los recibió amablemente y los cumplimentó para que llevaran regalos a su rey de vuelta.

En aquellas fechas, a pesar de su avanzada edad, Amir Timur seguía inmerso en la conquista de nuevas tierras. Por eso se marchó hacia China, un viaje del que no regresaría al sorprenderle la muerte en el camino. Esto provocó unas luchas internas por el poder que dificultaron la embajada castellana, por lo que la expedición decidió regresar. Llegaron a la corte de Enrique III en marzo de 1406, nueve meses antes de la muerte prematura del monarca.

El libro de Ruy González de Clavijo

De aquel viaje se hizo un libro, titulado Embajada a Tamorlán o Vida y hazañas del Gran Tamorlán. Por su valor histórico y las descripciones detalladas de los lugares que iba encontrando, como Constantinopla o las estepas asiáticas, esta obra es fundamental en la literatura de viajes española.

El libro de González de Clavijo nos recuerda al Libro de las Maravillas de Marco Polo, que da cuenta de 24 años de viajes por Asia, donde destaca la visita a la corte de Kublai Khan en el Imperio Mongol, y del que se tienen dudas sobre la veracidad de algunos de sus relatos. Por su parte, el libro del madrileño recoge aquellos tres años de viaje entre Madrid y Samarcanda y se tiene por cierto al cien por cien, ya que González de Clavijo no pretendía crear una obra de entretenimiento sino dar cuenta de lo que vio con realismo y rigor. Por cierto, que podemos descargarlo gratuitamente en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Ruy González de Clavijo
Edificio en la calle Ruy González de Clavijo

Por todo lo anterior, el Ayuntamiento de Madrid decidió colocar la placa de la que hablamos donde estuvo su casa. Y también por esto puso su nombre a una calle de la ciudad. Se trata de una calle pequeña, de poco más de cien metros y escaso tránsito, situada junto al río Manzanares, entre los puentes de San Isidro y Segovia. En uno de sus portales también encontramos su nombre: “Edificio Ruy González de Clavijo”.

Además, Ruy González de Clavijo da nombre a una calle en Samarcanda. Se llama Rui Gonzales de Klavixo y se encuentra junto al mausoleo del conquistador Amir Timur, toda una atracción turística en la ciudad.