Quinta de los Molinos, el parque de los almendros

Quinta de los Molinos La Quinta de los Molinos es uno de los parques más conocidos de Madrid, especialmente por la floración de sus almendros. En los meses de febrero y marzo recibe gran cantidad de visitantes que no quieren perderse el espectáculo de miles de flores que tiñen de blanco y rosa sus praderas.

Junto con los almendros, este Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico tiene otros atractivos dignos de admirarse todo el año. Así, el Palacete de Cort es su edificio principal y se rodea de unos jardines muy cuidados, dos arroyos, un lago artificial y la Casa del Reloj.

Además, dos molinos dan nombre al recinto. Todo esto se incardina en un momento histórico en que proliferaban las quintas de recreo. En cualquier caso, el lugar es perfecto para perderse un rato por caminos y vegetación, e ideal para sacar la cámara y crear un álbum artístico muy interesante.

Los almendros de la Quinta de los Molinos

Empecemos por los almendros, que para algunos es el principal motivo de visita. Encontramos dos grandes grupos en el recinto. Uno en la zona sur, muy cerca del acceso desde la calle Alcalá, a la derecha según avanzamos por el camino principal. El otro está un poco más al interior siguiendo la misma línea, por el lado izquierdo.

Quinta de los Molinos
Molino y Casa del Reloj

Durante el año son unos árboles agrupados que no destacan especialmente. Cuando florecen, en cambio, se convierten en protagonistas del recinto. Cualquier foto que hagamos parece una postal, en día soleado o con la luz intermedia de un cielo cubierto. Se combinan los blancos y rosas de las flores con el verde intenso de la hierba. Y cuando las flores caen, se forma una alfombra de pétalos en el suelo que es motivo para una segunda visita.

Como decíamos, su floración se limita a un periodo determinado del año, pocas semanas. Suele comenzar a finales de febrero y prolongarse durante la primera quincena de marzo. Pero cada año dependerá de las condiciones climatológicas. Para saber en qué momento se encuentran antes de ir a visitar el parque, podemos seguir la cuenta de X @bsalvadormadrid, que suele subir fotos por esas fechas. O bien indagar en Instagram.

En el resto del recinto encontramos más almendros, que florecen igualmente pero que no están agrupados. Los vemos cerca de otras especies arbóreas, como pinos, abetos, olivos y eucaliptos. Por otro lado, en torno al palacete encontramos unos jardines geométricos que siguen el estilo vienés. Un jardín romántico se ubica en las inmediaciones del arroyo de Trancos, con su lago artificial, sus praderas verdes, arboledas, grutas y acequias.

El Palacete de Cort y la Casa del Reloj

La construcción más importante de la Quinta de los Molinos es el Palacete de Cort. No se trata de un edificio espectacular, como para presumir de fotos, sino que es más bien armonioso y funcional. Formado por tres plantas sin adornos, fue la residencia de César Cort, ingeniero y arquitecto impulsor de la Quinta, que había adquirido una parcela junto al camino de la Guindalera y que, con el tiempo, fue comprando nuevas parcelas donde crear una quinta de recreo para su familia.

Quinta de los Molinos
Palacete de Cort

El Palacete está configurado en torno a un patio rectangular y rematado por una torre cuadrangular que da algo más de prestancia al edificio. La vivienda se enriqueció con otras dependencias, como invernadero, cocheras, almacenes y lavandería. En la actualidad el conjunto forma parte del Espacio Abierto Quinta de los Molinos, centro cultural que cuenta con un Café Jardín, una Urbanoteca y un auditorio.

Inicialmente, la Quinta de los Molinos tuvo un conjunto de viviendas destinadas a labradores, así como instalaciones de apoyo a las funciones agrícolas. De todo eso, lo que queda es la Casa del Reloj, que recibe este nombre por el reloj que hubo sobre el acceso de su fachada sureste. Rehabilitada en los años 80, de la casa sobresale un torreón cuadrangular que le da cierta apariencia de castillo.

Hablando de construcciones, mencionemos el edificio que sirve de entrada a la Quinta por la calle de Alcalá. Se añadió a mitad de siglo XX, siguiendo la estética del Palacete y con colores blanco y rosa que hacen juego con las flores de los almendros.

Un paseo por la Quinta de los Molinos

En nuestro recorrido por la Quinta vamos a ir tropezándonos con otros elementos que llamarán nuestra atención. Así, está la Fuente Circular en la zona sur, la Fuente Neobarroca y la Fuente de Regadío, todas ellas decorativas. Pero también podemos encontrar alguna fuente sencilla para beber.

Parque de almendros
Pradera de almendros en flor

En algún momento nos daremos de bruces con los molinos que dan nombre a la Quinta. Se trata de dos molinos traídos desde Estados Unidos en los años 20 del siglo pasado para extraer agua de los pozos. Tienen una altura de 14 metros y se llaman Molino de la Rosaleda y Molino de la Casa del Reloj.

Otro de los elementos destacados de la Quinta de los Molinos es la pista de tenis. También se le llama Anfiteatro. Consiste en un espacio ovalado, delimitado por unas gradas, que no se encuentra en uso. En su día, a principios del siglo XX, estaba de moda este deporte en las clases altas. Aunque hoy es un espacio silenciado, ideal para sentarse un rato en familia, es fácil imaginar el bullicio de los partidos de tenis de la alta sociedad de hace un siglo.

Resulta interesante ir siguiendo el sistema hidráulico de la finca. Está atravesada por dos arroyos además de los pozos. En su día se creó el mencionado estanque artificial, así como albercas y estanques para almacenar el agua. Y según caminamos iremos encontrando acequias y arquetas que dan una idea la importancia que en su día tuvo la conducción de aguas con fines agrícolas y ornamentales.

Más almendros y otras flores de temporada

Aunque los almendros crecen en otros muchos lugares, hay algunos recintos que, al igual que la Quinta, son especialmente adecuados para contemplar su floración por encontrarse también agrupados. Es el caso de la Huerta de la Partida, al lado derecho del río Manzanares, en el acceso a la Casa de Campo. Este recinto dispone de un mirador hacia la arboleda, con la silueta de edificios de Madrid de fondo.

Quinta de los Molinos
Pista de tenis

También encontramos una buena agrupación de almendros en el Huerto del Francés, dentro del Parque del Retiro. Como en la Quinta de los Molinos, es habitual ver grupos de gente que se sienta en sus praderas. A su lado hay una Noria que es una curiosidad histórica, y en las proximidades está la famosa estatua del Ángel Caído.

Además de almendros, hay otras flores de temporada cuyo esplendor interesa seguir. Mayo es el mes de las rosas, y las podemos ver especialmente en la Rosaleda del Parque del Oeste, donde se organizan concursos de rosas. También hay una rosaleda histórica en el Parque del Retiro, muy cerca del mencionado Huerto del Francés.

Desde junio podemos ver la floración de las dalias. Esta bonita flor, que encontramos en muy diferentes colores, prolifera en el Jardín Botánico del paseo del Prado. En este mismo recinto encontraremos tanto rosas como almendros.

Otras quintas de recreo en Madrid

Junto a la Quinta de los Molinos, a sólo unos pasos, tenemos la Quinta de Torre Arias, de muy diferente origen. Ésta se remonta al siglo XVI, cuando se construyó aquí una casa de campo que fue evolucionando con los siglos. Hoy podemos ver un Palacio de considerables dimensiones rodeado de huertas y jardines.

Parques de Madrid
Lago artificial

En los siglos XVIII y XIX se puso de moda la creación de Quintas de recreo, como la de los Molinos. Un poco anterior a esta es el Parque El Capricho, que también cuenta con un palacio. En el recinto se combina una naturaleza frondosa con pequeñas construcciones que en su día sirvieron de diversión a la aristocracia madrileña.

Si tomamos las Quintas de los Molinos y Torre Arias y el Parque El Capricho, que están muy cerca, y sumamos otros enclaves de valor paisajístico y patrimonial como el Parque Juan Carlos I y el Castillo de la Alameda, encontramos un corredor cultural muy enriquecedor para los vecinos de esta zona noreste de la ciudad. Todo ello se encuentra unido por las últimas cinco estaciones de la línea 5 de Metro.

En ubicación apartada, también tenemos la Finca Vista Alegre, un espacio palaciego en el barrio de Carabanchel. Su espacio natural ha sido declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico.