
Sin embargo, la historia a menudo confunde sus nombres. Para entender quién hizo qué en la ciudad, es necesario poner un poco de orden en esta saga de talento vasco afincado en la capital.
Empecemos diciendo que los cuatro hermanos nacieron en San Sebastián en la segunda mitad del siglo XIX. No obstante, desde muy jóvenes se instalaron en Madrid. Y fue en esta ciudad donde desarrollaron sus carreras profesionales, mejorando su urbanismo y modernizando su red de transporte.
La saga Otamendi: ¿Quién es quién?
Antes de repasar su legado, identifiquemos a los protagonistas por su formación, clave para entender su papel en cada proyecto:
- Joaquín (1874-1960): Arquitecto. El «clásico». Socio inseparable de Antonio Palacios.
- Miguel (1877-1958): Ingeniero de Caminos. El visionario del subsuelo. Impulsor del Metro.
- José María (1885-1959): Ingeniero Industrial. El estratega empresarial tras la Compañía Inmobiliaria Metropolitana.
- Julián (1889-1966): Arquitecto. El «racionalista». Responsable de los grandes rascacielos de Plaza de España.
El Madrid Monumental de Joaquín Otamendi
A principios de siglo, Joaquín formó junto a Antonio Palacios el tándem más exitoso de la arquitectura española. Fueron compañeros de estudios y juntos ganaron concursos que cambiaron la faz de la ciudad con un estilo monumental y ecléctico. Se puede decir que Joaquín era el contrapunto técnico y reflexivo a la exuberancia creativa de Palacios.
Palacio de Cibeles
El más celebrado quizá sea el Palacio de Cibeles, su verdadera obra cumbre. Inaugurado en 1919, su proyecto tuvo en cuenta las necesidades del servicio de correos y telégrafos para el que inicialmente estuvo concebido. El monumental edificio resultante se adaptó a la peculiar forma de la parcela en la que se encuentra, y sirvió para modernizar el sistema de correos. Hoy este palacio, uno de los símbolos madrileños y objeto de incontables fotos de los visitantes, alberga la alcaldía de la ciudad y sirve además como centro cultural muy activo.
Instituto Cervantes
A pocos pasos del anterior tenemos el Instituto Cervantes, creado en 1916 para servir de sede al Banco Español del Río de la Plata. Por sus cuatro columnas en forma de mujer en la entrada se le conoce también como Edificio de las Cariátides. Destacan igualmente las enormes columnas que asoman a las calles Alcalá y Barquillo, así como las del piso alto que protegen la cúpula.
Hospital de Jornaleros
Otro de los edificios que dan personalidad a Madrid es el Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula, también conocido como Palacio de Maudes por encontrarse en esta calle. Promovido con carácter benéfico, los dos amigos recibieron por su diseño el Premio Anual de Arquitectura del Ayuntamiento. Entre otras cosas, sirvió para dignificar la asistencia sanitaria a los trabajadores. La vista de pájaro que ofrece nos impresiona, con esa planta radial organizada en torno a un patio octogonal.
Miguel y el sueño del Metro
Mientras Joaquín construía hacia arriba, Miguel Otamendi miraba hacia abajo. Ingeniero de Caminos, fue el alma mater de la Compañía Metropolitano Alfonso XIII. En su iniciativa de crear el transporte subterráneo de Madrid intervino también Antonio Palacios, diseñando los accesos y la imagen corporativa de la compañía.
Tras cuatro décadas de intentos frustrados por diferentes promotores, Miguel consiguió, con sus socios Carlos Mendoza y Antonio Gónzález Echarte, que se aprobara su proyecto de Ferrocarril Central Metropolitano de Madrid. Ya conocían el Metro de París, inaugurado en 1900, y habían asistido a la inauguración del de Nueva York en 1904.
Un artículo en el número 69 de la revista Madrid Histórico da cuenta de las dificultades que tuvo que superar el proyecto.
- El reto financiero: En 1917, Europa estaba en plena crisis por la Gran Guerra. Miguel tuvo que convencer personalmente al Rey Alfonso XIII para que invirtiera un millón de pesetas de su propio capital ante la falta de presupuesto público. La implicación del monarca animaría otras inversiones hasta superar el presupuesto necesario y en agradecimiento la empresa pasó a llamarse Compañía Metropolitano Alfonso XIII.
- Los obstáculos materiales: Los trabajadores de la primera línea de Metro se fueron encontrando obstáculos a lo largo del túnel que iban creando entre Puerta del Sol y Cuatro Caminos. Alcantarillado, suministros de agua, conducciones de gas, electricidad y telefonía, viejos pozos, galerías abandonadas y antiguos viajes de agua tuvieron que ser sorteados en una obra que no tenía precedentes en la capital.
El 17 de octubre de 1919 se inauguraba la Línea 1. Madrid pasaba de los carruajes tirados por animales al transporte eléctrico subterráneo, situándose al nivel de Londres o París. En pocos minutos se cruzaba la ciudad, ahorrando tiempo y aligerando el creciente tráfico humano y de vehículos en superficie. A partir de entonces la red de Metro no paró de crecer hasta configurar una de las mayores tramas de transporte subterráneo del mundo.
Los «Titanic» y la Gran Vía de Julián y José María
La familia Otamendi había creado en 1918 la Compañía Urbanizadora Metropolitana. Y más tarde constituiría la Compañía Inmobiliaria Metropolitana. Estas fueron las encargadas de ordenar urbanísticamente el barrio de Cuatro Caminos, a donde ya llegaba el Metro, y levantar algunos de sus edificios. Aquí los hermanos menores, José María y Julián, cobraban protagonismo. El primero con su visión de negocio y el segundo con sus diseños arquitectónicos.
- Edificios Titanic (Avenida Reina Victoria): Llamados así por su tamaño colosal para la época. Fueron de los primeros en usar hormigón armado de forma masiva, resolviendo la altísima demanda de vivienda en la zona de Cuatro Caminos. En el proyecto participaron activamente Julián y su colega Casto Fernández Shaw.
- Edificio Lope de Vega (Gran Vía): Un reto de ingeniería al combinar teatro, hotel y locales comerciales en un solo bloque, convirtiendo a la Gran Vía en el «Broadway madrileño». Junto a Julián, en el diseño participó su hermano mayor, Joaquín. En este Teatro se han representado grandes éxitos del género musical, como El fantasma de la ópera, Jesucristo Superstar y El rey León.
Las compañías mencionadas, antecedentes de la actual Metrovacesa, trazaron calles y construyeron edificios durante décadas, en un proceso de ensanche urbanístico que permitió a Madrid crecer por el lado noroeste. Así es como se llegó a sus icónicas obras del final de la Gran Vía. Más tarde vendrían los hoteles, aparcamientos y edificios de oficinas.
La conquista del cielo: Plaza de España
La obra final que define el skyline de Madrid llegó de la mano de Julián y José María con la construcción de la Torre de Madrid y el Edificio España. Las obras se ejecutaron con capital privado en plena postguerra, cuando hasta los materiales de construcción escaseaban.
- El Edificio España fue en el momento de su construcción, en 1953, el edificio más alto del país con sus 117 metros y 27 plantas. Se concibió como una pequeña ciudad autosuficiente, con sus aljibes para almacenar hasta 500 toneladas de agua. El restaurante y la piscina en la azotea, auténticas excentricidades para la época, animaron las noches madrileñas.
- La Torre de Madrid se convirtió en el edificio de hormigón más alto del mundo cuando fue inaugurado en 1960 y el más alto de Europa durante varios años. Con sus 142 metros de altura y sus 33 plantas, impresionó a los madrileños al albergar 12 ascensores que permitían pasar de la calle a la azotea en pocos segundos. Las viviendas rehabilitadas en el siglo XXI son de las más codiciadas por quienes aspiran a vivir en lo mejor del centro.
Estas construcciones en plaza de España no sólo fueron hitos arquitectónicos de la época. Supusieron una operación de modernidad y prestigio internacional que pretendía colocar a Madrid entre las ciudades más avanzadas del mundo. Su silueta es todavía una de las imágenes características de la capital.
El recuerdo de los Hermanos Otamendi en Madrid
Como curiosidad final, el viajero que busque el apellido de la saga en el callejero madrileño solo encontrará una discreta vía: la calle de Otamendi. Situada en el distrito de Tetuán, discurre por apenas 70 metros entre las calles Pamplona y Oudrid, es estrecha y tiene una incómoda pendiente para salvar el fuerte desnivel entre sus extremos.
Eso sí, la calle se encuentra en la zona de expansión urbana que ellos mismos lideraron a través de la Compañía Urbanizadora Metropolitana. Por eso entendemos que está dedicada a su memoria y a su gran aportación al desarrollo urbanístico de Madrid.
Tampoco vemos esculturas o elementos decorativos que los recuerden. El verdadero monumento que sirve de homenaje es la propia silueta de Madrid que vemos cada día y el complejo entramado de túneles que nos sirven de transporte subterráneo.