
Fue fundado por Carlos IV a finales de siglo XVIII. Pero si se llama así es porque en el tiempo de su fundación el hijo de Carlos III era todavía príncipe de Asturias. A pesar de ello, conserva elementos anteriores a su fundación, como el embarcadero de Fernando VI.
Este Jardín ocupa 150 hectáreas y está delimitado al norte y el oeste por el serpenteo del Tajo. Da para pasar una mañana entera recorriéndolo sin repetir un solo camino. Y para descubrir algunas maravillas, como el paradisiaco estanque de los chinescos, la Casa del Labrador, el museo de falúas o la montaña rusa.
Los atractivos del Jardín del Príncipe
El acceso al Jardín del Príncipe es libre y gratuito y existen varias puertas monumentales de estilo neoclásico. Algunas de estas entradas suelen estar cerradas. Sin embargo, siempre permanece abierta, dentro del horario de apertura, la principal, la más próxima al Palacio Real.
En esta entrada comienza un paseo que deja el Tajo a la izquierda y la antigua Huerta de la Primavera a la derecha. Al final está el Embarcadero Real, creado en tiempos de Fernando VI, al lado de cinco Pabellones Reales.
El Embarcadero está en desuso, pero al lado tenemos el Castillo, con espacio para un posible restaurante. Este Castillo debía de servir a los reyes y a su séquito de mirador sobre el río y sobre los jardines próximos.
El Museo de Falúas está también al lado del Embarcadero. La misma entrada que hemos pagado para ver el Palacio Real nos permite entrar a admirar la colección de góndolas que fueron atesorando los reyes en los siglos XVIII y XIX, unas embarcaciones fluviales de recreo con sorprendentes decoraciones.
Fuentes monumentales
Remontando el curso del Tajo, dejando la tapia a la izquierda, llegamos a otra zona del Jardín del Príncipe distinta de la anterior, más abierta. Aquí pasamos junto a algunas fuentes monumentales que nos hacen detener la marcha.
La primera es la Fuente de Narciso, de tiempos de Carlos IV, aunque reconstruida más tarde. El bello y engreído Narciso, con arco y carcaj, se acompaña de un perro y de otras muchas figuras. El pedestal es sostenido por hombres forzudos de meritoria factura.
Un poco más adelante llegamos a la Fuente del Cisne o de las Cabezas. En el centro, dos niños sostienen un cisne, que levanta mucho la cabeza y el cuello como para escapar. Las piernas de los niños parecen la cola de un reptil. El borde del pequeño estanque se adorna con varias cabezas alegóricas.
Y muy cerca está la Fuente de Apolo, quizá la más impresionante, que es además el final de uno de los paseos de entrada al Jardín. Se trata de un conjunto arquitectónico y escultórico, donde la figura de Apolo se protege por dos torres laterales y una bonita columnata trasera. Otras esculturas típicas del siglo XVIII adornan el monumento.
La sorpresa del Estanque de los Chinescos
En la parte más septentrional y más apartada del Jardín tenemos la Montaña Rusa. Carlos IV quiso dotar esta zona de arquitecturas ajardinadas, pero quedó inconclusa. Sí permanece la mencionada Montaña Rusa, un montículo artificial que hoy se ve coronado por un curioso templete de madera.
Volviendo a las proximidades de las fuentes encontramos el Estanque de los Chinescos. Y esto es una verdadera sorpresa para quien acude por primera vez al Jardín del Príncipe. Los surtidores de este estanque están en funcionamiento durante todo el horario de apertura del Jardín.
En este estanque encontramos dos construcciones curiosas, situadas en plataformas casi sobre el agua. Una es un Cenador levantado en tiempos de Fernando VII a imagen de construcciones similares chinas. La otra es el pequeño templo neogriego, diseñado por Juan de Villanueva.
El Estanque Chinesco se ve rodeado de una bonita vegetación que incluye árboles de altura considerable. Uno de ellos es un ahuehuete. Algunos patos o aves similares dan mayor encanto al conjunto.
Casa del Labrador
Para terminar, entre los muchos atractivos del Jardín del Príncipe destaca la Casa del Labrador. Se trata de un palacete que quiso levantar Carlos IV en la parte este del recinto como casa de campo. El escudo real que hay en la fachada lleva una inscripción que recuerda su reinado.
El encargado inicial de su diseño fue Villanueva, aunque la planta en U se debe su discípulo Isidro González Velázquez. Su interior es tan monumental y está tan lleno de obras de arte que bien merece una visita. Este edificio ha sido rehabilitado recientemente y su interior exhibe algunas estancias destacadas como la Sala de Billar, el Salón de Baile o el Salón de María Luisa.
El Jardín del Príncipe ofrece al visitante otros elementos interesantes que podríamos considerar menores al lado de los ya mencionados. En un paseo tranquilo encontrará ardillas, acequias, pequeñas construcciones, pabellones invernaderos, caminos serpenteantes, puentes de madera y, cómo no, gran variedad botánica con algunos árboles de altura sorprendente.
Además, una visita a Aranjuez se queda incompleta si no se pasa por el Palacio Real. Este formidable monumento merece una visita, por libre o con guía. También es casi obligado recorrer el resto de jardines en torno al Palacio: Parterre, Jardín de la Isla y Jardín de Isabel II.
Horarios del Jardín del Príncipe
Conviene consultar los horarios establecidos por Patrimonio Nacional para la apertura de los Jardines del Palacio por si hubiera algún cambio. En principio, la hora de apertura es siempre las 8:30h. Desde esta hora ya vemos paseantes y corredores que se deciden a hacer deporte desde bien temprano por sus paseos. La hora de cierre va variando según la época del año, y va desde las 18:30h en los meses fríos hasta las 21:30h en pleno verano.
Las fuentes del Jardín del Príncipe, por su parte, tienen un horario propio de funcionamiento. Las de Narciso y del Cisne expulsan agua durante 15 minutos por la mañana y otros 15 por la tarde, mientras que los chorros del Estanque de Chinescos funcionan durante todo el horario de apertura del Jardín. No obstante, las dos primeras también merecen una visita a cualquier hora, con agua o sin ella.
Los surtidores de agua del Jardín del Parterre y del Jardín de la Isla entran en funcionamiento durante varias horas al día, especialmente en fin de semana. Pero en los meses de diciembre a febrero están parados.
La Fuente de la Mariblanca, realmente espectacular por su cantidad de chorros de agua decorativos, la vamos a encontrar casi siempre en funcionamiento, especialmente los fines de semana y festivos.